MAÑANA ES LUNES, ¡HORROR!


Sí, mañana es lunes y comienza una semana. No me preocupa el tener que levantarme para ir a trabajar, a fin de cuentas soy un “privilegiado”, trabajo y lo hago en algo que me gusta. El problema está en que desde que encienda la radio, que lo hago antes que la cafetera me voy a dar de bruces con los augurios y presagios de lo mal que va la cosa, que los banqueros necesitan más dinero, que siguen pidiendo más y más –es fácil disparar con pólvora real-, mientras nos siguen diciendo que el sistema financiero es tan importante que es casi como nuestro corazón, si se colapsa la economía se va al garete y no se sabe lo que va a pasar. Mientras quienes han llevado al sistema con su codicia extrema, siguen campando a sus anchas y haciendo ostentación de lujo, contratos e indemnizaciones escandalosas y se pasean hasta que se remansen las aguas económicas, se ajusten los valores y ellos puedan de nuevo poner en marcha la máquina de los disparates porque el olor del dinero tienen efectos narcotizantes y esa adictivo, cuanto más tienen más quieren y al no tener freno –conciencia- estamos donde estamos.

Así que mañana a esperar los lamentos y peticiones de más capital para mantener los palos de este sombrajo que se tambalea, pero ahora hay barra libre y se podrá pedir lo que se quiera –pagan los mismos-, no nos queda sino esperar y ver cuando entran en la cárcel quienes nos han llevado a esta situación, pues tienen nombres y apellidos, y si no lean y observen sus rostros en el reportaje que aparece en el suplemento de economía de El País. Si los ven en la calle, difícil va a ser, tengan cuidado con su cartera, huelen el dinero hasta cuando tienen congestión nasal por la gripe.

Culpables, millonarios e impunes

El mal hacer de una casta intocable de directivos está detrás de la crisis financiera

RAMÓN MUÑOZ 12/10/2008

“Cuando nace un brahmán, nace superior a la Tierra entera, es señor de todas las criaturas, y tiene que guardar el secreto del dharma. Todo lo que existe en el mundo es propiedad privada del brahmán. Por la alta excelencia de su nacimiento, él tiene derecho a todo. Esto es, es él quien goza, quien viste, quien da a otros, y es a través de su gracia que otros gozan”, se dice en el Libro de Manu. Las leyes de Manu están contenidas en un antiguo manuscrito hindú que estableció el sistema de castas en la India hace más de dos mil años. El brahmán es la casta superior. Sólo unos elegidos pueden pertenecer a la misma y, como dice la cita, gozan de todos los derechos y su única labor es instruir en el conocimiento del mundo al resto de castas (salvo a los parias o intocables, que no gozan de ningún derecho).

El capitalismo moderno ha emulado este sistema de castas. Sus brahmanes son los directivos y consejeros de las grandes corporaciones. Gozan de privilegios y prebendas por doquier: sueldos estratosféricos, planes de incentivos, vacaciones, jet privados y club de campo a costa de la empresa… Y no tienen casi ninguna responsabilidad. Si las acciones suben, ellos son los que más ganan gracias a los programas de opciones sobre acciones que premian la revalorización bursátil. Si la cotización se derrumba o incluso si las firmas quiebran y los accionistas pierden todo lo invertido, ellos también ganan. En caso de despido, cuentan con cláusulas que les aseguran indemnizaciones multimillonarias, conocidas como paracaídas de oro (golden parachute), de las que no disfrutan los trabajadores, los parias de este orden económico.

El derrumbe del sistema financiero internacional ha sacado a la luz estas colosales prerrogativas de los directivos cuya gestión ha abocado a la desaparición a firmas históricas como

Lehman Brothers o Merrill Lynch. Sus arruinados accionistas y ahorradores o los trabajadores despedidos se preguntan por qué en lugar de ser reclamados por los juzgados, los ejecutivos han salido sin hacer ruido por la puerta de atrás y con las carteras llenas. Sólo las cinco mayores firmas financieras de Wall Street -Merrill Lynch, JP Morgan, Lehman Brothers, Bear Stearns y Citigroup- pagaron más de tres mil millones de dólares en los últimos cinco años a sus máximos ejecutivos, justo en el periodo en el que éstos se dedicaron a inflar las cuentas, empaquetando en fondos y otros activos opacos, préstamos incobrables que han derivado en la mayor crisis financiera de la historia. [+]

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