OTRAS LECTURAS: UNOS POR OTROS

Con Unos por otros; RBA, 2008 se cierra la tetralogía Berlín Noir de Philip Kerr. Es una pena porque nuestro detective Bernhard Gunther podrá haber dado un poco más de sí. En esta última entrega afronta una de las consecuencias de la segunda guerra mundial y es la “desaparición”, la “invisibilidad” de los responsables nazis de las atrocidades que se cometieron durante el conflicto.

Diversas organizaciones, unas conformadas con elementos del propio ejército alemán y que pretendían mantener vivo el nazismo con la esperanza de volver; también colabora activamente en esa “invisibilidad”; otras como la iglesia católica que pone sus medios a disposición de quienes querían emprender una “nueva vida”. Frederick Forsyth en su novela Odessa, 1972 cuenta el entramado urdido para hace desaparecer a esos personajes; Uki Goñi, periodista en La auténtica Odessa, Paidós, 2002 hace un recorrido por la auténtica Odessa y la participación de la Iglesia con la complicidad del gobierno argentino, Juan Domingo Perón, admirador de los regímenes fascistas de Europa. Daniel Jonah Goldhagen en La Iglesia Católica y el Holocausto, Taurus, 2002, confirma la tesis mayor, Pío XII fue “un colaborador nazi” y así podríamos seguir ofreciendo ejemplo de trabajos, ficción o no sobre este escabroso asunto, Kerr aporta una versión novelada interesante, creíble y muy bien documentada; el lector se sentirá dentro de la piel de nuestro detective particular y los golpes que recibe, casi nos duelen a nosotros.

Ya casi no me queda nada más que decir de “Bernie”, ya hay confianza, así que les dejo con algunos párrafos de esta obra. Espero que les resulten interesantes.

“Comenzaron a oírse pasos junto al confesionario. El padre Gotovina descorrió la cortina y se mezcló con los fieles. Esperé un minuto y salí santiguándome únicamente para no llamar la atención. Me parecía una estupidez. Otro comportamiento peculiar de los humanos que incluir en los textos de antropología. Como mecerse frente a una pared, arrodillarse en la dirección de una ciudad de Oriente Medio o levantar el brazo a frente y gritar “Sieg Heil”. Ninguno de aquellos gestos significaba nada más que problemas para otra gente. Si algo me ha enseñado la historia es que resulta peligroso creer en algo con demasiado fervor. Sobre todo en Alemania. Nuestro problema es que nos tomamos las creencias demasiado en serio.” [ob. cit; pág 153.]

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