EL SÁHARA OCCIDENTAL

Leo con detenimiento el artículo de Máximo Cajal, embajador de España, no sé donde, publicado en El País (11-01-10). Comparto  el planteamiento inicial del mismo en el que analiza como tres conflictos abiertos el pasado año en España tienen una raíz compartida. Dos secuestros y una huelga de hambre que se desarrollan en un espacio geográfico muy marcado en el continente africano, la franja desértica sahariana, en la que de costa a costa hay elementos sociopolíticos coincidentes más allá de los puramente físicos y/o geográficos.

Comparto también que nunca antes la República Árabe Saharaui Democrática, RASD, había imaginado alcanzar tanta presencia mediática y mantenida ésta en el tiempo como la lograda con la huelga de hambre de Aminetu Haidar, mujer de fuertes convicciones, en el aeropuerto de Lanzarote. Por último suscribo sus palabras cuando afirma que las negociaciones en los secuestros de los marinos del Alakrana o los cooperantes en Mali, deberían llevarse con la máxima discreción. En el caso del Alakrana fue un espectáculo que ponía en juego la vida de los secuestrados; en algún momento que los secuestradores iban a aparecer en los programas de Tele Cinco o Antena Tres.

Aquí termina el cómputo de las coincidencias porque cuando niega el derecho de autodeterminación al Sáhara Occidental utiliza argumentos poco o muy poco convincentes: “Llámese razón de Estado, realpolitik, interés nacional o puro y simple patriotismo, son éstas las consideraciones que me llevan a explicitar mi postura contraria a tan peligroso desenlace”. Por “peligroso desenlace” entiende derecho de autodeterminación.

Lo sabe, pero no lo tienen en cuenta el señor Cajal, que los procesos de descolonización en África están generados por las potencias colonizadoras que en su momento se reparten el continente en función de sus intereses, con lo que se crean fronteras ajenas a tradiciones y realidades sociales, incluido el nomadeo que tan poco gusta al señor Cajal, preexistentes al reparto del continente en Berlín.

El proceso posterior a la larga explotación colonial, la descolonización, aparecieron países  que en algunos casos se pueden considerar como estados fallidos, Somalia es el paradigma, pero el señor Cajal obvia que para llegar a esa situación han colaborado activamente los “antiguos propietarios”. Que con nuevas formas de explotación más sofisticadas que no hacen necesaria la ocupación según el modelo colonial ya finiquitado.

En los procesos descritos sucintamente España participa como potencia en la ocupación del territorio, Sáhara Occidental, y de esa ocupación se deriva la obligación de cumplir con los procesos de descolonización señalado por Naciones Unidas, que España en un momento crítico, el dictador se está muriendo y Juan Carlos ocupa la jefatura del estado, actúa de forma contraria a derecho y de forma vergonzosa entre los territorios a Marruecos.

Hoy, casi cuatro décadas después el problema sigue sin resolver y los saharauis, como colonia que era, no pudieron ejercer su derecho de autodeterminación porque nunca se hizo la consulta a la población, y así se generó un conflicto que sigue latente con mayor o menor presencia en la actualidad según se agite el conflicto que no se cerrará hasta que Marruecos reconozca su ocupación, y tampoco se olvidará, porque habrá más de una Aminetu Haidar

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