EL PRESIDENTE Y EL DESAYUNO

El presidente español ha aceptado la invitación de su homólogo estadounidense, Barack Obama para compartir el Desayuno Nacional de la Oración. No conozco muy bien a tradición pero creo que se celebra en febrero y se instituyó en la ciudad de Seattle en los años duros de la depresión de 1929. Una organización religiosa preparaba esos desayunos asistenciales en los que se rezaba antes del reparto de alimentos. Participaban en los mismos cualquier persona independientemente de su condición religiosa, sólo compartían la falta de empleo y el hambre.

El mismo acto se mantiene pero el escenario y los invitados son distintos, convirtiéndose en un acto político-religioso de la presidencia estadounidense, ato al que han sido los más variados personajes. No sé si el trío de Las Azores coincidió en esta celebración, Blair y Bush si lo compartieron.

¿Cuánto tiene este acto de político y cuánto de religioso? Pues no lo sé y no me parece buena combinación ambos elementos y menos que en él participe un presidente español, salvo que compartan afinidades espirituales relacionadas con la religión, o que quiera dar buena imagen ante la conferencia episcopal.

Tampoco me extraña mucho porque la confesionalidad del Estado en muchos casos sólo  es papel, mejor intenciones que se sostienen en papel, aunque éste sea el que contiene la Constitución. Todavía, por ejemplo, los funerales de estado en este país están asociados a un acto religioso, así que un desayuno no nos puede extrañar.

En fin, que aproveche el desayuno y si ponen churros no coma muchos que son indigestos. Ah, se me olvidaba, si tiene oportunidad que le acompañe Leire Pajín para que aproveche y se haga la foto entre sus líderes del mundo mundial.

Esta entrada me ofrece una oportunidad para dejar un texto de Eduardo Galeano de su obra: Espejos, una historia casi universal. Siglo XXI, Madrid; 2008, en el que se puede comprobar que todos los presidentes americanos no son Obama o Bush, y algunos han ejercido su presidencia sin línea directa con Dios.

¿EN DIOS CONFIAMOS?

Los presidentes de los Estados Unidos suelen hablar en nombre de Dios, aunque ninguno ha revelado si se comunica con él por mail, por fax, por teléfono o por telepatía. Con o sin su aprobación en el año 2006 Dios fue proclamado Presidente del Partido Republicano en Texas.

Sin embargo, el Todopoderoso que ahora figura hasta en los dólares, brillaba por su ausencia en los tiempos de la independencia. La primera Constitución ni siquiera lo mencionaba. Cuando alguien preguntó por qué, Alexander Hamilton explicó:

-No necesitamos ayuda exterior.

En su lecho de agonía, George Washington no quiso oraciones, ni sacerdotes, ni pastor, ni nada.

Benjamín Franklin decía que las revelaciones divinas eran para superstición.

Mi propia mente es mi religión, afirmaba Thomas Paine, y el presidente John Adams creía que éste sería el mejor mundo de los posibles si no hubiera religión.

Según Thomas Jefferson, los sacerdotes católicos y los pastores protestantes eran adivinos y nigromantes que habían dividido a la humanidad en dos, una mitad de tontos y la otra mitad de hipócritas. [ob. cit. pág. 165]

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