¿Y AHORA, QUÉ?

El pasado viernes, 5 después de la presentación de un nuevo plan del presidente del gobierno, Rodríguez Zapatero, presentación en día y hora poco habitual, me pregunté, puede que como muchos, y ahora, ¿qué va a pasar?  La semana se cerraba con lo que debería ser un intento, otro más, de generar confianza, aportar una salida a la crisis en la que estamos inmersos. Y no, sin caer en un pesimismo crónico creo que este último esfuerzo deja las cosas casi como estaban. Las propuestas son muy generales y van a depender más de la voluntad de los empresarios, de hasta donde quieran llegar las entidades bancarias obteniendo beneficios sin riesgos y cómo no de los deseos de la derecha de este país por seguir sacando réditos de la situación.

Volvamos a la semana pasada, que mejor sería dejarla caer en el olvido, porque todos creo que hemos pasado por situaciones en las que hubiese sido mejor no decir lo que dijimos, hacer lo que hicimos, pues eso es lo que le ha pasado a este gobierno que en una semana ha dilapidado parte, importante, del capital de credibilidad que todavía tenía y un hito que explica, mejor “visualiza” esa situación es la foto en la que el presidente, con su sonrisa permanente, está en Davos entre los países que no hacen las cuentas bien, Grecia y Estonia, vigilados por el presidente del Banco Central Europeo, el señor Trichet. Ni en esa situación pierde la sonrisa, que vale de poco, pero resulta hasta chocante.

Recuperar la credibilidad ante la ciudadanía, en los foros internacionales en los que, ahora pasamos a formar parte de los países dudosos como pagadores es uno de los retos inmediatos que se afronta en los próximos días, semanas. Es verdad que recuperar el prestigio es más complicado que perderlo, pero el esfuerzo es esencial, al igual que demostrar coherencia y cohesión en las medidas que se toman, calcular el impacto que tienen entre la clase trabajadoras, que a fin de cuentas es quien soporta el grueso de la crisis.

Admitamos que lo ideal para empresarios y una parte importante de la derecha es que las pensiones se hagan efectivas en el momento en el que se produce el fallecimiento y que los trabajadores cuando son despedidos indemnicen a los empresarios por haberles permitido trabajar en sus empresas. Desde este ideal conservador-empresarial, los trabajadores tienen que ir arañando conquistas a costa de mucho esfuerzo y cuando se deposita la confianza en un partido de izquierda es que no contribuya a mantener el desequilibrio para los trabajadores, busca que las conquistas logradas se afiancen y se amplíen, pero nunca que retrocedan, así esfuerzo y trabajo para que no cunda la desesperanza en la esperanza.

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