CINE: LA CARRETERA. CORMAC McCARTHY

Ayer tuve la oportunidad de ver la película “The road” del director John Hillcoat, y Vigo Mortensen como protagonista. El guión es una adaptación de la novela del mismo nombre de Cormac McCarthy, premio Pulitzeer en 2007 por esta obra. Me llevé una grata sorpresa porque recoge el espíritu de la novela, que aunque, se ponga mucho énfasis en el canibalismo, que sea catalogada como una película de terror, creo que es algo más. Hay ocasiones extremas en las que el bien y el mal están perfectamente definidos y no se puede claudicar de los principios, aún en las situaciones más extremas.  “¿Nosotros nos comeríamos a alguien?”, pregunta el niño, su padre de forma categórica responde que no; el bien y el mal como expresión simplificada de moral e inmoral, tienen una línea clara.

Para colocar a los personajes en esa tesitura donde matar va más allá de la supervivencia, se elige un mundo difunto, tal como se cita en la novela. La vida se agarra en un espacio casi inerte, vacío que vaticina lo que podría pasar en una catástrofe donde se uniera el caos ambiental, la guerra nuclear y todo lo que el ser humano es capaz de generar.

Llegar al sur, de ahí la carretera, era una expectativa para el padre creo no solo lejana, sino alcanzar más de lo mismo. La esperanza la había pedido, aunque no renunciaba, no quería renunciar a ella y su mundo se limitaba a su hijo, era su dios, en el que se integraba todo lo que le quedaba en ese mundo difunto, pues había perdido hasta las creencias, deseaba que dios tuviera cuello para estrangularle. No se pierdan la novela, que logra encoger el estómago más que la película, aunque también sería bueno verla.

Les dejo con algunos párrafos, espero que los disfruten.

“Se quedó escuchando el goteo del agua en el bosque. Lecho rocoso, este. El frío y el silencio. Las cenizas del mundo difunto trajinadas de aquí para allá por los crudos y transitorios  vientos en el vacío. Llevadas, esparcidas y llevadas de nuevo. Todo desencajado de su apuntalamiento. Sin soporte en el viento cinéreo. Sostenido por una respiración, temblorosa y breve. Ojalá mi corazón fuese de piedra.

Despertó antes del alba y vio despuntar el día gris. Lento y medio opaco. Se levantó mientras el chico dormía y se puso los zapatos envueltos en la manta y caminó entre los árboles. Bajó a una grieta en la piedra caliza y se agachó para toser y tosió durante mucho rato. Luego permaneció de hinojos en las cenizas. Levantó la cara al pálido día. ¿Estás ahí?, susurró. ¿Te veré por fin? ¿Tienes cuello por el que estrangularte? ¿Tienes corazón? ¿Tienes alma maldito seas eternamente? Oh, Dios, susurró. Oh, Dios” [págs. 14-15]

Cormac McCarthy, La carretera, Mondadori, 2007

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