LECTURAS: LOS PERROS NEGROS. IAN McEWAN

Parecía imposible encontrar Los perros negros de Ian McEwan, pero afortunadamente Anagrama la ha reeditado en bolsillo en Quinteto el año pasado.

Me interesaba porque ya he leído algunas cosas de este autor y, sobre todo, porque en Los perros negros se hace un recorrido por la Europa de la postguerra en la que el fascismo parecía aniquilado con el fin de la guerra y las esperanza, para una parte de Europa estaba puesta en el auge del comunismo.

En poco más de doscientas páginas, pero intensas y muy vibrantes en las que un joven, huérfano desde muy pequeño tiene cierta facilidad para relacionarse con los mayores. Se sentía más a gusto con los padres de sus compañeros de clase que con ellos mismos. Esa facilidad de relación con los mayores se verá plasmada en su cercanía con sus suegros y a través de sus vivencias y que ambos representan esa otra opción del triunfo del socialismo como etapa a la que se tendría que evolucionar con el progresivo decaimiento del mundo capitalista.

Esa pareja, June y Bernard representan las dos tendencias en las que se bifurcó el comunismo en Europa, por un lado la ortodoxia soviética que “legitima” la invasión de Hungría o lo sucedido en Checoslovaquia. La otra tendencia, la que se aleja de la dictadura del proletario en busca de una mayor participación democrática de la ciudadanía con la creación de partidos políticos. En esa pareja se dan las dos tendencias, que veremos desde su óptica lo que pasa en Europa, la caída del muro de Berlín incluida.

Ah, lo del título y los perros negros mejor lo descubren si tienen interés en leerla. No hace falta que les diga que es recomendable, incluso como novela de fin de semana. Les dejo con algunos párrafos y espero que les resulten sugerentes.

“[…] la fotografía fue tomada la mañana en que June y Bernard firmaron como militantes del Partido Comunista de Gran Bretaña en la sede de Gratton Street. Van a dejar sus puestos y son libres de declarar sus lealtades, que durante el periodo de la guerra se han tambaleado. Ahora, cuando muchos tienen sus dudas después de las vacilaciones del Partido -¿era la guerra una causa noble, liberadora y antifascista o una agresión predatoria imperialista?- y algunos están abandonando su militancia, June y Bernard se han aventurado. Más allá de todas sus esperanzas en un mundo cuerdo y justo libre de guerras y de opresión de clases, sienten que pertenecer al Partido les asocia con todo lo que es joven, vivo, inteligente y atrevido. Van a cruzar el Canal para ir al caos del Continente, adonde les han aconsejado que no vayan. Pero están decididos a poner a prueba sus nuevas libertades, personales y geográficas. Desde Calais se dirigirán al sur en busca de la primavera mediterránea. El mundo es nuevo y está en paz, el fascismo ha sido la prueba irrefutable de la crisis terminal del capitalismo, la revolución benigna está cerca, y ellos son jóvenes, recién casados y están enamorados.

Bernard persistió en la militancia con muchas dudas hasta la invasión soviética de Hungría en 1956. Entonces consideró que su dimisión ya se había retrasado bastante. Este cambio de opinión representaba una lógica bien documentada, una historia de desilusión compartida por toda una generación” [ob. cit. págs. 31-32]

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