Y MAÑANA… A LA HUELGA

Sí, mañana como empleado público en el sector de la docencia voy a la huelga. Creo que este gobierno nos ha metido la mano en el bolsillo a hurtadillas para pagar los desastres que han ocasionado otros, los que han jugado y juegan en el casino financiero con los dineros ajenos sin que les ocurra nada, papá Estado les sacará del apuro económico. En el conjunto de medidas que se han aprobado para pagar las deudas contraídas con los tahúres, no hay ninguna que afecte a las grandes fortunas, empresas, subvenciones a la Iglesia, a algunos ministerios, así que como creo que han metido la mano en los bolsillos equivocados es por lo que me voy a la huelga.

Es curioso como el empleo público se ve como un privilegio, algo así como una suerte de herencia que has recibido y que se cuestiona permanentemente. El sistema de acceso es público, sólo hay que acceder, sin embargo los datos dicen lo contrario, así que desde 1982 la pérdida acumulada de poder adquisitivo de los salarios en el sector público es casi del 43%; en más una ocasión ha sido congelado el sueldo, y ahora el recorte salarial, menuda herencia. Pero como se aplica el “todo vale”, es lamentable comprobar cómo quienes quieren desactivar la huelga acuden al descrédito de los trabajadores públicos y propician el linchamiento moral al no ser solidarios. No se les ve pedir la misma solidaridad a quienes han sido responsables del desastre económico, o a ellos mismos, responsables –irresponsables- públicos con sueldos de escándalo, una cohorte de asesores y privilegios más propios de la Roma Imperial que de un país del siglo XXI de la parte rica, claro.

Paulino Rivero, presidente de la Comunidad llamaba a la responsabilidad y pide a los empleados públicos que pensáramos en quienes están en paro. Lo grave y sonrojante es que lo diga quien tiene responsabilidad política, importante, y él y quienes le apoyan han llevado a estas islas a unos niveles de desempleo, de quiebra social, de barbarie urbanística y de desamparo ambiental de tal magnitud que habría que cerrarlas y ponerles en cartel de “Cerradas a la espera de reformas”.

Pero no importa como maestros de la demagogia más simple apuntan a los empleados públicos y por un lado critican la huelga, mientras que por otro desearían que se uniera la mayoría de los trabajadores públicos porque así las deducciones por derecho a huelga les taparían algún hueco económico, y de camino echarían leña a las políticas del Gobierno de Madrid, al que también hay que ponerlo en cuarentena. Porque todavía no he visto a nadie que reconozca y se haga responsable de afirmaciones como: “lo peor ya pasó”, “brotes verdes que anuncia, no sé qué cosas”. Estaban encandilados con el oropel, como el niño que estaba maravillado con las cosas que cabían dentro de un lápiz mientras dibujaba,

En fin, no me siento culpable de vernos en este callejón oscuro y mal oliente, no tengo cargo de conciencia por ser trabajador de lo público, trabajo ahí porque hay servicios públicos, creo en lo público, y puede que lo que se busca es acabar con todo aquello que la ciudadanía se ha dado en este país, sanidad, educación, seguridad. Algunos serían muy felices si en lugar de elecciones democráticas se eligiera un consejo de administración, claro que los electores no seríamos el grueso de la ciudadanía, serían los accionistas.

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