LECTURAS: VIAJE A PORTUGAL. JOSÉ SARAMAGO

No, no voy a decir nada sobre la muerte de José Saramago. Sólo lamentar su pérdida, porque unos y otros han glosado la figura de este hombre que ha dejado una huella indeleble en los últimos años. Digo que unos y otros han aprovechado la ocasión para intentar ser lo más original en las palabras que dirigen a José Saramago, por ejemplo Juan Cruz en la cadena SER dijo que: “Se había muerto como un hombre que se queda sin aire”. Reconozco que no entendí, ni aún entiendo la metáfora, si era tal. Otros, sin florituras, con pocas palabras, pero hondas, muy llenas de sinceridad y de verdadero dolor. Como es breve les dejo con el texto aparecido hoy domingo en El País y firmado por Juan Gelman.

Agujero sin fondo

JUAN GELMAN 20/06/2010

José, ¿por qué te fuiste? Te escribo a los zarpazos. Pisamos empedrados de pena y le dijeron a tu Pilar que con las lágrimas que se están vertiendo ahora se podrían apagar todas las sequías del mundo. Ese fue tu mester siempre: apagar las sequías del alma y del espíritu. Se acabó tu respirar, pero no las tareas que dejaste: escribir a la vida y reescribirla. Te veo en la estación siguiente del dolor, entero, solidario, generoso, ofendido por el daño al otro, de nacionalidad humano. ¿Por qué te fuiste, José? ¿Cómo arreglamos este agujero sin fondo? [Publicado en El País, 27/06/10]

Tengo que reconocer que llevo algún tiempo sin leer nada de José Saramago y la razón puede estar en que desde “Todos los nombres” sus novelas se han vuelto más “plúmbeas” porque han perdido la ligereza en el relato y también porque ha habido otras alternativas.

Guardo muy buen recuerdo de dos obras que se citan poco, pero que a mi particularmente me resultaron muy interesantes. La primera por orden cronológico: “Las maletas del viajero”, 1973; crónicas periodísticas en las que aparece el Saramago que a mí me gusta por la forma de condensar el relato, la limpieza de lo superfluo y lo directo del mismo. Sí, ya sé que es un relato periodístico, pero me gusta mucho.

Una de esas crónicas: “LOS GRITOS DE GIORDANO BRUNO” comienza así:

“En definitiva, no es muy grande la diferencia que hay entre un diccionario de biografías y un vulgar cementerio. Las tres líneas secas e indiferentes con que, en la mayor parte de los diccionarios, se resume una vida, son el equivalente de la sepultura rasa que recibe los restos de aquellos que –perdóneseme el chiste fácil- no dejan resto. La página completa con autógrafo y fotografía, es el mausoleo de buena piedra, puertas de hierro y corona de bronce, más la romería anual. Pero el visitante hará bien en no dejarse confundir por los alzados de arquitecto, por las esculturas y las cruces, por las plañideras de mármol, por todo el escenario que la muerte pomposa aprecia desde siempre. De la misma forma, si está en el campo abierto y sin referencias, deberá prestar atención al sitio donde pone los pies, no vaya a acontecer que debajo  de sus zapatos se encuentre el mayor hombre del mundo…”. [ob. cit. págs. 184-185]

La segunda de esas obras que citaba es: “Viaje a Portugal”, 1981. No digo que sea una obra imprescindible para conocer Portugal, como tampoco lo es la obra de Cardoso Pires: “Lisboa” para conocer esa ciudad, pero sí que son muy recomendables antes de una visita como viajero, tal y como dice Saramago, quien afirma que el viajero no es turista. Hay gran diferencia porque viajar es descubrir, mientras que el turista sólo encuentra.

De Lisboa, en Viaje a Portugal dice:

“El viajero sube por una de estas calles comerciales con tiendas en todas las puertas y bancos que tiendas son, y va imaginando qué Lisboa habrá en este lugar si no hubiera sido por el terremoto. ¿Qué fue lo que se perdió, desde el punto de vista urbanístico? ¿Qué fue lo que se ganó? Se perdió un centro histórico, se ganó otro que, por fuerza del tiempo pasado, histórico se ha vuelto. No vale la pena discutir con terremotos, […], pero el viajero, en su vago pensar, considera que la reconstrucción pombaliana fue un violento corte cultural del que la ciudad no se ha restablecido aún y que tiene continuidad en la confusa arquitectura que en mareas desajustadas se ha derramado por el espacio urbano. No anhela el viajero casas medievales o resurgencias manuelinas. Comprueba que esas y otras resurrecciones sólo fueron y son posibles gracias al traumatismo violento provocado por el terremoto. No cayeron sólo casas e iglesias, se quebró una ligazón cultural entre la ciudad y el pueblo que la habita”. [ob. cit. pág. 308]

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