LECTURAS: EL INVIERNO DE FRANKIE MACHINE. DON WINSLOW

Tengo que confesar que después de leer “El poder del perro” esperaba con cierta impaciencia que se publicara algo de Don Winslow. Ya leí “El invierno de Frankie Machine”, su nueva novela. Seguro que si buscan las referencias de ambas obras, automáticamente les llevará al apartado de novela negra, pero independientemente de que se sea aficionado o no a ese género, ambas obras son muy recomendables.

La agilidad en la narración, lo conciso y precisa que son las descripciones de Don Winslow, al tiempo que logra que lector se aferre a la lectura porque la acción se mantiene en un nivel que no da tregua. Frankie, el protagonista no es un héroe de cómic con poderes que lo convierten en algo más que un ser humano, sólo es un señor de más de sesenta años con un pasado asociado a la mafia y a sus manejos.

Claro que su vida está llena de reproches y hechos que le llevarían ante la justicia, pero Don Winslow sabe envolverlo en una especie de “seda argumental” que lo hace cercano para el lector.

Para quienes han disfrutado y disfrutan con el cine y la literatura sobre la mafia esta obra no digo que sea imprescindible, pero sí muy importante.

Les dejo con algunos párrafos de la obra. Que la disfruten.

“Esta noche, al llegar a casa, encuentra un coche en el callejón: un coche desconocido.

Frank conoce a los vecinos, conoce todos sus vehículos y sabe que ninguno tiene un hummer. Además, a pesar de la lluvia que cae con fuerza en aquel momento, alcanza a ver a dos tíos sentados en el asiento delantero.

De entrada sabe que no son profesionales. Si lo fueran, no usarían jamás un vehículo tan llamativo como un hummer. Tampoco son polis, porque no los agentes del FBI tienen presupuesto para un vehículo semejante. En tercer lugar, un profesional sabría que adoro la vida y, porque la adoro, en treinta años jamás he llegado a mi casa por la noche sin dar antes una vuelta a la manzana, sobre todo teniendo en cuenta que la entrada a mi garaje queda en un callejón donde me podrían cortar el paso.

Por consiguiente, si estos tíos fueran profesionales, no estarían sentados en el callejón, sino a una manzana de distancia, como mínimo, esperando que entrara en el callejón para acercarse.

Sin embargo, ellos lo han visto pasar. Al menos eso creen.

-Ese era él –dice Travis.

-No digas gilipolleces –responde Jota-. ¿Cómo lo sabes?

-Te digo que era él, Junior –dice Travis-. El cabronazo de Frankie Machine. Una puta leyenda.

No es fácil aparcar en Ocean Beach, con que Frank como diez minutos en encontrar un lugar en la calle  a tres manzanas de distancia. Frena y busca bajo el asiento su S&W calibre 38, se la mete en el bolsillo del impermeable, se cubre con la capucha y baja del coche. Se aleja una manzana más para llegar al callejón desde el este en lugar del oeste, por donde deben estar esperándolo. Entra en el callejón y el hummer sigue allí. A pesar de la lluvia, oye la vibración del bajo: aquellos idiotas están escuchando música rap.

Eso facilita mucho las cosas [ob. cit. pág. 59-60]

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