CONVERSACIONES

Después de un tiempo largo vuelvo a emborronar mi cuaderno para escribir estas reflexiones que luego, en algunos casos, hago públicas en este rincón de la red. Con cierto retraso me hago eco de una conversación que escuché el pasado martes 23 de noviembre en la sede central de Cajacanarias. Los conversadores, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ex presidente de Extremadura y el profesor José Álvarez Junco. El moderador Fernando Delgado, en su papel, pasó desapercibido, cosa que no habría sucedido si esa responsabilidad le hubiese tocado a Juan Cruz (no viene a cuento, pero tenía ganas de decirlo).

El núcleo de la charla estaba marcado por la memoria, pero discurrió por los caminos de la situación actual de este país, el papel de los partidos y derivó hacia la transición y el compromiso que se asumió en aquel momento por las principales fuerzas políticas, entre ellas los nacionalismos que aceptaron  participar moderando sus ansias soberanistas, a cambio de una representación y un peso significativo en el parlamento nacional, a costa de confeccionar una ley electoral “asimétrica” e injusta en la representación.

Animada charla con dos personas con nivel intelectual, actores en distintos ámbitos de la última etapa de la Historia de España y con visiones complementarias y realmente con pocas discrepancias. A destacar el dominio de los resortes del “hablar en público” del ex presidente Rodríguez Ibarra al que se le notan las tablas que da el haber hecho más de una campaña electoral. El profesor Álvarez Junco más académico y encorsetado le falta algo de soltura para entusiasmar al auditorio.

Destacar algunas ideas que allí se debatieron, la pena es que no se permiten preguntas por parte del público. Una de ellas es la situación actual para la ciudanía que no sabemos lo que puede ocurrir en este panorama tan cambiante. Rodríguez Ibarra afirmaba que lo peor que puede suceder a los ciudadanos es la espera, y como ejemplo colocaba esa espera a la puerta de la unidad de cuidados intensivos. La verdad es que discrepo, porque ahora no estamos a la espera, sino que es la ciudadanía quien está en cuidados intensivos y lo peor es que el equipo médico está reunido y consultando las “Páginas Amarillas” como fuente de conocimiento. Esa si puede ser la visión más ajustada, porque cada día nos despertamos con nuevas sorpresas y mensajes un día esperanzadores y otros con tonos dramáticos, hasta el punto de señalarnos  a nosotros, los trabajadores y pensionistas como quienes vamos a soportar la crisis y pagar los platos rotos de una fiesta en la que poco hemos participado y, además, tenemos que cargar con las deudas del casino al que algunos acudieron y acuden con los dineros ajenos.

Como no podía ser de otra manera, los nacionalistas tomaron el centro de la conversación a partir del momento en que, según Rodríguez Ibarra, traicionando el compromiso de renunciar al soberanismo, a algo tenían que renunciar, para obtener la amplia representación que tienen en el parlamento nacional y negociar cada día mayores cuotas de autogobierno y con deslealtad ahondar en las tesis soberanistas en detrimento de la convivencia que aceptaron. Ambos conversadores vuelcan una parte del peso de la situación política en España al papel que han jugado los nacionalismos a lo largo de este periodo, por la deriva que han tomado, en el que han forzado la situación, coaccionando al gobierno central y así impedir la gobernabilidad. Tampoco quedó al margen la actitud del Partido Popular que con la que está cayendo no ofrece nada más que argumentos para la pelea callejera. Cabría añadir que hasta los propios partidos de implantación nacional, bien el Partido Popular y el Socialista Obrero Español, han  coqueteado con mensajes equívocos compartiendo las tesis nacionalistas y utilizando la condición de agraviado permanente como recurso contra el gobierno central.

La solución desde el punto de vista política que permitiría clarificar el panorama para los españoles sería, según los intervinientes, un gran pacto similar al que dio lugar a la transición, pacto que permitiría retomar impulso y adquirir compromisos políticos para un largo recorrido similar al transcurrido desde la muerte del dictador y que ha permitido la convivencia y determinados logros en los que era necesario el acuerdo mayoritario de todas las fuerzas políticas. Puede que esa sea una posible solución más complicado es alcanzar algún acuerdo y a las pruebas nos podemos remitir.

 

 

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