Posts Tagged ‘Boris Pahor’

SENSACIONES

28 julio, 2010

Si nada se tuerce en los próximos días podré visitar el campo de concentración de Sachsenhausen. No, no lo haré como un turista consumidor de lugares del terror en el mundo, tampoco lo haré como un simple turista insensible, ajeno a un pasado que ha doblado hasta casi fracturar lo que la Ilustración forjó con mucho esfuerzo, dolor y sangre, mucha sangre derramada por alcanzar unos derechos.

Mi visita a un lugar como este tiene mucho que con las lecturas, con lo que me han transmitido Primo Levi, Boris Pahor, Jean Améry, Aharon Appelfeld, entre otros, muchos, que describen lugares de horror, creados para eliminar a seres humanos.

Confieso que mientras he leído sus relatos se me encoge el estómago hasta el punto de tener que dejar la lectura porque la congoja me impide continuar. Son relatos que si tienen un denominador común, éste pasa por conseguir trasladar al lector las sensaciones de dolor, de hambre de considerarse muerto en vida, y aún así intentar sobrevivir sacando fuerzas de donde no las hay. Todo esto lo he vivido en mis lecturas, igual que las descripciones que hacen de esos lugares inmundos, sin embargo no me resisto a ver con mis propios ojos un lugar así.

Es verdad que estos lugares se han banalizado, se han convertido en un lugar más en una ruta turística y hay ocasiones que ocurre lo que le ocurrió a Boris Pahor cuando al cabo del tiempo volvió al campo donde había estado encerrado, Natzweiler-Struthof, y se había encontrado cara a cara con el horror y la aberración más inconcebible de nuestra historia, tal y como la cataloga Claudio Magris en el prólogo de Necrópolis de Boris Pahor.

Estoy seguro que no me va a pasar como lo que relata el propio Boris Pahor en su ensayo Necrópolis cuando visitaba de nuevo el campo después de muchos años y coincidió con un grupo de turistas. Lamentable, pero cierto.

“La gente está dentro del barracón, de manera que el lugar en este momento está solitario, y las escaleras a la izquierda y a la derecha se elevan torpemente hacia la primera terraza y hacia el cielo blanco y azul celeste. Y así ha de ser, porque no tengo ganas ni de conversar ni de palabras, ni de gente. Sin embargo, sé que acabo de agudizar el oído para escuchar sus gritos sofocados, preparándome para resistirme a sus suspiros e inclinaciones de cabeza, como también a sus observaciones tranquilas y serenas. Hace poco dentro de la multitud, una voz femenina ha preguntado: Qu’est-ce que c’est ça? Y una voz masculina ha respondido: Le four. Y la voz femenina de antes ha dicho: Les pauvres. Todo estaba lleno de gente que se ponía de puntillas para ver las cenizas y los pequeños huesos en las vasijas, mientras yo seguía sin comprender cómo puede alguien al lado de un horno tan grande preguntar qué es; pero esta imprudencia a la vez me tranquilizaba porque me confirmaba realmente que el ritmo con que se despierta la conciencia humana es desesperadamente vago. Esto significa que estaba casi satisfecho al saber que nuestro mundo del campo de concentración es intransmisible, aunque no puedo decir que este conocimiento me haya apaciguado [ob. cit. pág. 68]

KZ-Natzweiler Struthof

VALOR: NECRÓPOLIS. BORIS PAHOR

27 julio, 2010

Algunas palabras han perdido peso por un uso indiscriminado y poco adecuado. Ahora todo es una proeza, una heroicidad. El tener o demostrar valor se aplica a lo que en ocasiones sólo es un simple esfuerzo físico y poco más. El valor es algo más, algo que implica una concepción de la vida distinta, que pones en riesgo la tuya de forma altruista por la de otra persona. Eso puede ser una muestra de valor, y como ejemplo este texto de Boris Pahor en Necrópolis, Anagrama, 2010. Espero que les sea sugerente y les anime a su lectura.

“Sólo los chicos encargados del fichero de prisioneros enfermos del bloque 2 lograban de vez en cuando salvar a alguno de los que habían sido elegidos para ser ejecutados; pero lo arriesgaban todo porque si los hubieran descubierto, también ellos

a media mañana habrán bajado las escaleras para dirigirse hacia los ganchos. Franc, por ejemplo, el larguirucho Quijote de Liubliana, cordial, espabilado y lleno de sentido de humor, pudo hacerlo. De manera que cuando el esman [miembro de las SS, vigilante del campo] venía con la lista del Entlassung [¿fallecidos], empezaba la acción frenética de salvar al menos a uno de los condenados, a veces hasta dos, pero como una excepción, claro está, para, guárdeme Dios, no despertar ninguna sospecha. Al muerto que yacía ene l suelo del baño, en el waschraum [baño], y que esperaba a que lo llevasen allí abajo, se

le ponía en el dedo un papel con el número de uno de los condenados en vez del correcto, el suyo. El chico salvado cambiaba de nombre y de número, por lo cual había que mandarle cuanto antes con alguno de los transportes de trabajo fuera del lager [campo de concentración]. Es cierto que estos grupos de trabajo tenían un futuro incierto, pero al menos el hombre

había escapado del gancho. Sí, es verdad, pero cada vez que el esman se acercaba, Franc tenía que controlarse con todas sus fuerzas para no revelar su temblor. [ob. cit. pág 65]


LECTURAS: NECRÓPOLIS. BORIS PAHOR

18 junio, 2010

No, no es verdad eso que repetimos con frecuencia y que aceptamos sin cuestionar el contenido de la afirmación. No es verdad que una imagen vale más que mil palabras. Más que mil palabras, valen dos mil, tres mil o las que quieran, pero no una imagen.

Tampoco oculto mi interés por la imagen, su valor como testimonio, como detonante para una reflexión en el espectador atento y observador. No oculto y menos niego el valor de la imagen, pero creo sinceramente que tiene fronteras que no puede traspasar y son esas barreras que las palabras como sortean con facilidad y llegan allí donde se destapan las emociones o donde se encoge el estómago por el dolor, la pena, el desamor y ¡cuántas cosas más!

Boris Pahor en Necrópolis, Anagrama 2010, lo explica como nadie, por eso aprovecho para traer el texto en el que alude a las imágenes, y de camino recomendar su lectura que nos servirá para ponernos de cara ante el horror, ese horror fruto de la aberración humana que parece inconcebible pero que se materializó, y que lo hizo donde también vio la luz la Ilustración, en la Europa de nuestros pesares, aunque también de nuestras esperanzas.

Les dejo con algunos párrafos de Necrópolis. Espero que los disfruten.

“Pero supongo que esta experiencia no se limita a un campo de concentración; en la vida cotidiana debe ser lo mismo. Me pregunto qué se imaginarán los visitantes que rodean al guía; sólo unas fotografías ampliadas con una multitud de cabezas rapadas, pómulos salientes, mandíbulas parecidas a las cerraduras, colgadas en el interior de los barracones, podrían hacer aparecer en la pantalla de la imaginación del visitante una imagen aproximada de aquella realidad. Pero ningún panel podrá jamás ilustrar el estado de ánimo de un hombre que tiene la sensación que el tazón de hierro de su vecino contiene medio dedo de líquido amarillo más que el suyo. Está claro que podría reproducirse la expresión de los ojos con esa mirada especial que crea el hambre; pero jamás podría captarse el desconsuelo de la cavidad bucal, ni tampoco los movimientos automáticos del esófago. Cómo podrá, entonces, una fotografía mostrar los matices últimos de la lucha interior invisible, en la cual los principios de la buena conducta en la que habíamos sido educados ya hacía mucho que había sido derrotados por la ilimitada tiranía del epitelio estomacal.” [ob. cit. pág. 34]

LECTURAS: NECRÓPOLIS PRÓLOGO DE CLAUDIO MAGRIS

13 junio, 2010

Después de leer “Educación siberiana” de Nikolái Lilin; Salamandra, 2009 me apetecía rebajar la tensión en las lecturas, buscar un cierto remanso en lo que leería a continuación. Así lo hice, aproveché que había cobrado y le di un arañazo profundo a la tarjeta. Fruto de ese arañazo cayeron, entre otros, dos novelas editadas por Impedimenta, dicho sea de paso, me encanta el formato de edición, la textura del papel e incluso el aroma es distinto. En fin leí, casi de un tirón “La librería” de Penélope Fitzgerald, Impedimenta, 2010 y “La hija de Robert Poste” de Stella Gibbons, también de Impedimenta de este año 2010. Deliciosas ambas y muy recomendables. En medio han ido cayendo, en pequeñas dosis, los poemas de José Emilio Pacheco recogidos en “Tarde o temprano” [Poemas 1958-2009] de TusQuets editores, 2010. Ya las comentaré, pero mientras llegó a mis manos “Necrópolis” de Boris Pahor donde el horror se hace presente con toda su crudeza y sin que su autor, que cuenta su vivencia en un campo de presos judíos de muestras de resentimiento cuando vuelve al campo después de muchos años como “turista”. Fluyen los recuerdos, el dolor y las vivencias donde la vida no valía ni el peso del aire que se respiraba.

Casi no lo he leído, pero si he releído con verdadera fruición el prólogo de Claudio Magris a esta obra, que como siempre afina sus reflexiones de manera que las ideas expresadas tienen la nitidez y la transparencia que le dan argumentos sólidos como el granito. Me quedo con lo que expresa sobre los nacionalismos, que me parece concluyente. Ya comentaré sobre el resto de obras que he leído, pero con más calma.

El fascismo y el nazismo ciertamente surgen de los nacionalismos, pero no sólo de ellos, sino de una reacción particular (étnica, social, económica, política, cultural, e incluso a veces religiosa) a la renovación radical que, con la Primera Guerra Mundial y las sucesivas guerras, ha destruido el viejo orden europeo. Para desactivar su mecanismo mortal es necesario destruir cualquier fiebre de identidad, cualquier idolatría de identidad nacional, auténtica cuando se vive con sencillez, pero falsa y destructiva cuando se ensalzan ídolos o valores absolutos y se tienen delirios de superioridad sobre los otros. [ob. cit. pág. 14]