Posts Tagged ‘Ciudad’

ADRIÁN ALEMÁN

21 noviembre, 2008

Esta tarde en la edición digital de La Opinión me entero del fallecimiento de Adrián Alemán de Armas. No tengo palabras para expresar los sentimientos que me embargan en este momento, pues no las encuentro. De Adrián guardo muy buenos recuerdos de mi época de estudiante en la Facultad de Periodismo en la Universidad de La Laguna, en la que fui alumno suyo durante la carrera y luego durante el doctorado, y tengo que decir que a pesar de su insistencia nunca lo acabé. Me regañaba casi como un padre. Guardo gratos recuerdos de sus clases, de los ratos pasados en la cafetería, de charlas, largas, muy largas porque compartíamos un interés por la ciudad y que él cultivó en mi. Las recomendaciones sobre lecturas para ahondar en el tema de la ciudad me sirvieron de mucho, entre otras cosas para poder mantener esas largas charlas y estar a su altura intelectual, donde la ciudad y especialmente La Laguna eran sus amores preferidos. De él me quedan algunas expresiones como cuando comparaba a La Laguna con una abuela mayor, cariñosa, lo propio de una abuela, pero con el delantal manchado de haber estado en la cocina; o cuando hablaba de los aromas de las esquinas laguneras, la humedad, la textura de muros viejos y los cascajos en los tejados.

Adrián nos dejas, tu familia y quienes te conocimos y compartimos algunos ratos y charlas mantendremos siempre tu recuerdo. Si hay un lugar para quienes aman a la ciudad además de ser buena persona allí estarás tú.

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LAS CIUDADES

8 noviembre, 2008

Marco Polo describe un puente, piedra a piedra.

-¿Pero cuál es la piedra que sostiene el puente? –pregunta Kublai Jan.

-El puente no está sostenido por esta piedra o por aquélla –responde Marco-, sino por la línea del arco que ellas forman.

Kublai permanece silencioso, reflexionando. Después añade:

-¿Por qué me hablas de las piedras? Lo único que me importa es el arco.

Polo responde: -Sin piedras no hay arco.

Como leo sobre seguro, hoy después de sufrido con lo del ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife estuve releyendo a Italo Calvino y sus ciudades invisibles y por eso no me resisto a dejarles algunas muestras de sus escritos. La ciudad es un tema que me apasiona porque es junto con el dinero la creación humana más grande, más impresionante, y por eso este libro es de los de cabecera, de los releer.

LAS CIUDADES Y LOS OJOS

Al llegar a Fílides te complaces en observar cuántos puentes distintos unos de otros cruzan los canales: convexos, cubiertos, sobre pilastras, sobre barcas, colgantes, con parapetos calados; cuántas variedades de ventanas se asoman a las calles: en ajimez, moriscas, lanceoladas, ojivales, coronadas por lunetas o rosetones; cuántas clases de pavimentos cubren el suelo: guijarros, lastrones, grava, baldosas blancas y azules. En cada uno de sus puntos la ciudad ofrece sorpresas a la vista: una mata de alcaparras que asoma por encima de los muros de la fortaleza, las estatuas de las tres reinas sobre una ménsula, una cúpula en forma de cebolla con tres cebollitas enhebradas en la aguja. “Feliz quien tiene todos los días a Fílides delante de los ojos y no termina de ver las cosas que contiene”, exclamas, con la pesadumbre de tener que dejar la ciudad después de haberla rozado apenas con la mirada.

Puede ocurrir en cambio que te detengas en Fílides y pases allí el resto de tus días. Rápidamente la ciudad se destiñe ante tus ojos, se borran los rosetones, las estatuas sobre las ménsulas, las cúpulas. Como todos los habitantes de Fílides, sigues líneas en zigzag de una calle a otra, distingues zonas de sol y zonas de sombra, aquí una puerta, allí una escalera, un banco donde puedes apoyar el cesto, una cuneta donde el pie tropieza si no prestas atención. Todo el resto de la ciudad es invisible. Fílides es un espacio donde se dibujan recorridos entre puntos suspendidos en el vacío, el camino más corto para llegar al tenderete de aquel comerciante evitando la ventanilla de aquel acreedor. Tus pasos persiguen no lo que está fuera de tus ojos, sino lo que está dentro sepulto y borrado: si entre dos soportales uno sigue pareciéndote más alegre, es porque por él pasaba hace treinta años una muchacha de anchas mangas bordadas, o sólo porque recibe la luz a cierta hora, como aquel soportal que ya no recuerdas donde estaba.

Millones de ojos se alzan hasta las ventanas puentes alcaparras y es como si recorrieran una página en blanco. Muchas son las ciudades como Fílides que sustraen a las miradas, salvo si las atrapas por sorpresa.

Italo Calvino, Las Ciudades Invisibles; Ed. Siruela, 1996

GASTÓN BAQUERO, POEMA

18 junio, 2008

TESTAMENTO DEL PEZ

Yo te amo, ciudad,

aunque sólo escucho de ti el lejano rumor,

aunque soy en tu olvido una isla invisible,

porque resuenas y tiemblas y me olvidas,

yo te amo, ciudad.

Yo te amo, ciudad,

cuando la lluvia nace súbita en tu cabeza

amenazando disolverte el rostro numeroso,

cuando hasta el silente cristal en que resido

las estrellas arrojan su esperanza,

cuando sé que padeces,

cuando tu risa espectral se deshace en mis oídos,

cuando mi piel te arde en la memoria,

cuando recuerdas, niegas, resucitas, pereces,

yo te amo, ciudad.

Yo te amo, ciudad,

cuando desciendes lívida y extática

en el sepulcro breve de la noche,

cuando alzas los parpados fugaces

ante el fervor castísimo,

cuando dejas que el sol se precipite

como un río de abejas silenciosas,

como un rostro inocente de manzana,

como un niño que dice acepto y pone su mejilla.

Yo te amo, ciudad,

porque te veo lejos de la muerte,

porque la muerte pasa y tú la miras

con tus ojos de pez, con tu radiante

rostro de un pez que se presiente libre;

porque la muerte llega y tú la sientes

cómo mueve sus manos invisibles,

cómo arrebata y pide, cómo muerde

y tú la miras, la oyes sin moverte, la desdeñas,

vistes la muerte de ropajes pétreos,

la vistes de ciudad, la desfiguras

dándole el rostro múltiple que tienes,

vistiéndola de iglesia, de plaza o cementerio,

haciéndola quedarse inmóvil bajo el río,

haciéndola sentirse un puente milenario,

volviéndola de piedra, volviéndola de noche

volviéndola ciudad enamorada, y la desdeñas,

la vences, la reclinas,

como si fuese un perro disecado,

o el bastón de un difunto,

o las palabras muertas de un difunto.

Yo te amo, ciudad

porque la muerte nunca te abandona,

porque te sigue el perro de la muerte

y te dejas lamer desde los pies al rostro,

porque la muerte es quien te hace el sueño,

te inventa lo nocturno en sus entrañas,

hace callar los ruidos fingiendo que dormitas,

y tú la ves crecer en tus entrañas,

pasearse en tus jardines con sus ojos color de amapola,

con su boca amorosa, su luz de estrella en los labios,

la escuchas cómo roe y cómo lame,

cómo de pronto te arrebata un hijo,

te arrebata una flor, te destruye un jardín,

y te golpea los ojos y la miras

sacando tu sonrisa indiferente,

dejándola que sueñe con su imperio,

soñándose tu nombre y tu destino.

Pero eres tú, ciudad, color del mundo,

tú eres quien haces que la muerte exista;

la muerte está en tus manos prisionera,

es tus casas de piedra, es tus calles, tu cielo.

Yo soy un pez, un eco de la muerte,

en mi cuerpo la muerte se aproxima

hacia los seres tiernos resonando,

y ahora la siento en mí incorporada,

ante tus ojos, ante tu olvido, ciudad, estoy muriendo,

me estoy volviendo un pez de forma indestructible,

me estoy quedando a solas con mi alma,

siento cómo la muerte me mira fijamente,

cómo ha iniciado un viaje extraño por mi alma,

cómo habita mi estancia más callada,

mientras descansas, ciudad, mientras olvidas.

Yo no quiero morir, ciudad, yo soy tu sombra,

yo soy quien vela el trazo de tu sueño,

quien conduce la luz hasta tus puertas,

quien vela tu dormir, quien te despierta;

yo soy un pez, he sido niño y nube,

por tus calles, ciudad, yo fui geranio,

bajo algún cielo fui la dulce lluvia,

luego la nieve pura, limpia lana, sonrisa de mujer,

sombrero, fruta, estrépito, silencio,

la aurora, lo nocturno, lo imposible,

el fruto que madura, el brillo de una espada,

yo soy un pez, ángel he sido,

cielo, paraíso, escala, estruendo,

el salterio, la flauta, la guitarra,

la carne, el esqueleto, la esperanza,

el tambor y la tumba.

Yo te amo, ciudad,

cuando persistes,

cuando la muerte tiene que sentarse

como un gigante ebrio a contemplarte,

porque alzas sin paz en cada instante

todo lo que destruye con sus ojos,

porque si un niño muere lo eternizas,

si un ruiseñor perece tú resuenas,

y siempre estás, ciudad, ensimismada,

creándote la eterna semejanza,

desdeñando la muerte,

cortándole el aliento con tu risa,

poniéndola de espalda contra un muro,

inventándote el mar, los cielos, los sonidos,

oponiendo a la muerte tu estructura

de impalpable tejido y de esperanza.

Quisiera ser mañana entre tus calles

una sombra cualquiera, un objeto, una estrella,

navegarte la dura superficie dejando el mar,

dejarlo con su espejo de formas moribundas,

donde nada recuerda tu existencia,

y perderme hacia ti, ciudad amada,

quedándome en tus manos recogido,

eterno pez, ojos eternos,

sintiéndote pasar por mi mirada

y perderme algún día dándome en nube y llanto,

contemplando, ciudad, desde tu cielo único y humilde

tu sombra gigantesca laborando,

en sueño y en vigilia,

en otoño, en invierno,

en medio de la verde primavera,

en la extensión radiante del verano,

en la patria sonora de los frutos,

en las luces del sol, en las sombras viajeras por los muros,

laborando febril contra la muerte,

venciéndola, ciudad, renaciendo, ciudad, en cada instante,

en tus peces de oro, tus hijos, tus estrellas.

LOGROS DE LA HUMANIDAD

3 julio, 2007

Creo que los dos grandes logros de la Humanidad son vivir en la Ciudad y el Dinero. Si, ambas con mayúscula porque no hago referencia en las dos a las experiencias cotidianas sino a la esencia de ambos hechos. La primera, vivir en la Ciudad significa capacidad para convivir, compartir un espacio y requiere del acomodo individual al del grupo. Lewis Mumford, Max Weber, entre otros nos pondrán sobre la pista del origen de la Ciudad como espacio compartido y no escenario de situaciones. Es la Ciudad en su dimensión humana. El pedagogo Tonucci habla incluso que la ciudad tiene que tener una medida más infantil, pues son los que verdaderamente tienen una mirada limpia y clara sobre la Ciudad. No la dejemos nunca en manos de los arquitectos que se convierten en auténticos urbanicidas.
El dinero es la segunda creación humana más significativa, pues significa confianza, aceptamos las reglas y no discutimos el papel que tenemos en las manos y que nos sirve para obtener bienes y servicios. la larga historia del dinero se puede analizar, ver estudiar comparar en manuales dedicados al efecto, pero no hay nada que explique el conjunto de mecanismos que se desatan en la Humanidad para guardar la confianza que se guarda entre todos. algo de positivo tendrá en Ser Humano.