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LECTURAS: LA FALSA PISTA. HENNING MANKELL

22 marzo, 2010

El pasado domingo 14 de marzo se estrenó en el canal TNT, dial 24 de Digital+  la serie Wallander de la BBC. El personaje  central de muchas novelas del escritor sueco Henning Mankell, un inspector un tanto peculiar que nos acerca las singularidades de una ciudad sueca Ystad y los métodos que utiliza parea desentrañar los casos más enrevesados que se puedan imaginar.

Mankell ha conseguido con su inspector crear alrededor de él una aureola de personaje muy cercano al lector, pues se aleja del estereotipo de policía joven, héroe que ni se despeina lo más mínimo en sus investigaciones. Wallander rompe los esquemas y para los lectores habituales de sus investigaciones, los problemas con su padre, la relación con su hija o sus complicaciones sentimentales nos son muy cercanos, no digamos ya de su adicción al tabaco o sus complicaciones con la diabetes, y ya por último con la pérdida de memoria.

El primer capítulo: “La falsa pista” nos lleva a lo que es la forma de actuar de Wallander donde la intuición y ver lo que los demás no ven nos lleva durante más de una hora por toda una historia, claro que si eres lector habitual pierdes parte del interés porque conoces el final, sin embargo apetece verla.

Kenneth Branagh da vida al personaje de Wallander y claro que lo hace muy bien, pues es muy buen actor, pero siempre te queda aquella cosa de decir, “pues yo lo había imaginado”…, añadan los lectores de Mankell lo que les apetezca, aunque Wallander imaginario era más real y menos actos, sin que esto signifique anda especial, sólo que cada uno se prefigura los personajes de sus lecturas y cuando se vuelven realidad en la pantalla puede que cuadren o no con lo imaginado, aún así, repito, lo hace muy bien.

Por si tiene interés les dejo con el inicio de la serie en lo que corresponde a la novela. Que lo disfruten.

La finca de Salomonsson era una casa alargada, típica de Escania y muy bien cuidada. Wallander salió del coche mirando a su alrededor. Por todas partes se extendían los amarillos campos de colza. En ese momento se abrió la puerta de la casa. El hombre que salió a la escalera era muy mayor. Llevaba unos prismáticos en la mano. Wallander pensó que seguramente se lo había imaginado todo. Ocurría muchas veces que a los ancianos solitarios que vivían en el campo les engañaban sus propias fantasías y llamaban a la policía. Se acercó  a la escalera y saludó.

-Kurt Wallander, de la policía de Ystad –se presentó.

El hombre de la escalera estaba sin afeitar y calzaba unos zuecos rotos.

-Soy Edvin Salomonsson –afirmó tendiéndole una mano delgada.

-Explícame lo que ha pasado –dijo Wallander.

El hombre señaló hacia el campo de colza cercano a la casa.

-La descubrí esta mañana –empezó-. Me despierto temprano. A las cinco ya estaba allí. Primero pensé que sería un ciervo. Luego vi con los prismáticos que era una mujer.

-¿Qué hacía? –Preguntó Wallander.

-Estaba allí.

-¿Nada más?

-Estaba mirando fijamente.

-Morando fijamente ¿qué?

-¿Cómo lo voy a saber?

Wallander suspiró en su fuero interno. Con toda probabilidad el hombre había visto un ciervo. Luego la fantasía había hecho el resto [ob. cit. págs. 43-44]

OTRAS LECTURAS: ZAPATOS ITALIANOS. HENNING MANKELL

10 febrero, 2010

Ya estoy habituado a disociar a Henning Mankell de su personaje más conocido y nuestro inspector particular, Wallander. Recuerdo que llegué a este autor por las novelas donde el este inspector sueco era el protagonistas, así en principio me costara disociarlos. Hoy ya lo he superado y Zapatos italianos, TusQuest, 2007 es una de esas obras lejos de Wallander, pero muy recomendable.

Un médico, mayor retirado, no tanto por la edad, en una isla pequeña en la que vive solo con su perro, tan mayor como él, y su gato. El carácter un poco distante, frío, y no por el hielo y la nieve que le rodea. No recibe visitas y su cartero, al que ve poco es su contacto con el mundo.

Un día, después de salir del baño en el mar, después de haber practicado un agujero en el hielo, descubre, bueno él lo cuenta así: “Justo cuando acababa de salir para regresar a casa cesó el viento racheado. Algo me asustó y contuve la respiración. Me di la vuelta. En medio del hielo había una persona”. No sigo, mejor dejarlo así.

¿Qué va a pasar? Pues no les adelanto más que, una antigua novia, una paciente y otras historias cambian la vida de este médico que había hecho de su soledad una forma de vida. Recomendable, así que les dejo con algunos párrafos. Espero que los disfruten.

Hoy no hay correo.

Tampoco hubo ayer. En cambio, sí que viene Janson, el cartero del archipiélago. No tiene correo para mí. Se lo he prohibido. Hace ya doce años le advertí que no llegase hasta mi muelle cuando sólo tuviese folletos publicitarios. Me casné de todas esas ofertas especiales de ordenadores y solomillos. Le dije que no tenía ningún interés en exponerme a la influencia de personas que sólo querían dirigir mi vida persiguiéndome con sus ofertas especiales. Intenté explicarle que la vida no consiste en precios reducidos. La vida consiste, de hecho, en algo sustancial. No sé qué es, pero uno debe  creer que la vida tiene una sustancia y que el sentido oculto se encuentra en un nivel que está por encima de todos los cupones de descuento y los sorteos.

Discutimos. Pero ésa no fue la última vez. A veces me da por pensar que es esa irritación nuestra la que nos mantiene unidos. Sin embargo, después de aquella ocasión nunca más volvió a traerme publicidad. La última vez que me trajo una carta, era del ayuntamiento. Y de eso hace siete años y medio. Fue un día de otoño de marea baja y fuerte ventisca del nordeste. Me comunicaban que me habían asignado una plaza en el cementerio. [ob. cit. pág. 22]

OTRAS LECTURAS: EL HOMBRE INQUIETO. HENNING MANKELL

4 febrero, 2010

Leo con fruición, cómo no, “El hombre inquieto”, Tusquets, 2009 de Henning Mankell, con fruición y cierta desazón porque anuncian que posiblemente será la última aventura de nuestro inspector de policía particular. Digo particular porque Wallander se ha convertido, por lo menos para mí, en un personaje muy cercano, tanto que sabes casi de memoria sus pequeños tics. Esperas con cierta ansiedad sus relatos  porque Mankell ha logrado que la vida profesional de nuestro inspector casi no tenga secretos para los lectores, pero además su vida personal, fundamental para entender su forma de actuar profesionalmente, nos es igual de cercana. Las relaciones con su padre, con su hija, la adicción al café, su vida sentimental, todo nos queda muy cercano, tanto que podríamos andar por su casa con lo que de ella nos ha contado. La ficción debería detener el tiempo y mantener a Wallander en una edad indefinida, para disfrutar de sus casos, aparentemente sin solución, pero puede que entonces no sería lo mismo.

En El hombre inquieto se mezclan logros como vivir en el campo, disfrutar de su nieta, comprobar que su hija es una buena policía; al mismo tiempo hay otras coas que difuminan algo esa llegada a una edad próxima a su retiro. Su salud le traiciona, Baiba Liepa, su compañera sentimental, tiene ahora un protagonismo especial, igual que su ex -mujer. Todo esto rodea un nuevo caso, un tanto especial porque el protagonista será el suegro de su hija Linda. Militar retirado, casado con una mujer ejemplar, ambos desaparecen en momentos distintos y para darle más emoción se le añaden unos toques de espionaje. Todos los ingredientes para disfrutar.

Creo que es una nueva historia muy sugerente y atractiva, sobre todo para los adictos a Mankell. Recomendable.

Les dejo con algunos párrafos, espero que les resulten interesantes.

Wallander vio que estaba a punto de llorar. Si Linda no hubiese ido a su casa, si no hubiera presentido que algo no iba bien, habría podido fallecer allí mismo, en la bañera. Una especie de temblor le atravesó el cuerpo. Su vida bien podrá haber terminado así, desnudo y en el suelo de baldosas del baño.

-No te cuidas, papá –le riñó ella-. Y un día habrás sobre pasado el límite. Te exijo que permitas que Klara tenga su abuelo por lo menos durante quince años más. Después podrás hacer con tu vida lo que quieras.

-Ya, bueno…, la verdad es que no entiendo cómo pudo ocurrir. No es la primera vez que me baja el índice de azúcar.

-Eso tendrás que hablarlo con el médico. Yo me refiero a otra cosa: a tu obligación de seguir con vida.

Wallander asintió sin decir nada, el costaba pronunciar cada palabra y se sintió invadido de un curioso y persistente cansancio. [ob. cit. pág. 209]

OTRAS LECTURAS: LA IRA DEL FUEGO. HENNING MANKELL

23 enero, 2010

Con este nombre ediciones Siruela en Debolsillo recoge la trilogía del autor sueco Henning Mankell compuesta por El secreto del fuego, 1995; Jugar con fuego, 2001; y La Ira del fuego, 2007, título que también da nombre a la trilogía. En un solo volumen aparecen en 2009.

Mankell en su etapa africana reúne en estos tres volúmenes la historia de la niña mozambiqueña llamada Sofia (sin tilde en toda la obra) y de su familia. Mozambique, antigua colonia portuguesa, depauperada por una larga guerra en los años sesenta y setenta para alcanzar la independencia, deja a gran parte de la población en los límites más extremos de la pobreza. Sofía forma parte de una de esas familias donde se materializan todas las desgracias imaginables. Huir en la noche de una matanza en su poblado, el andar sin rumbo a expensa de cualquier peligro, la pérdida de una hermana por la explosión de una mina anti persona, en la que ella pierde las piernas, la malaria, el SIDA, la precariedad alimenticia, son algunas de esas desgracias Mankell nos relata desde los casi nueve años de Sofía hasta que es una joven de alrededor de veinte años, tres hijos y abandonada por su marido.

Mankell tiene la capacidad para poner voz, sin estridencias, sin lamentos a Sofía y su familia, su madre Lydia, su hermana Rosa, que son como la voz de Mozambique que sufre las consecuencias de la convulsa historia africana. La corrupción local, la educación que casi no existe, la sanidad en condiciones de miseria, nos llega con contundencia a través de las descripciones del autor y de las palabras que pone en boca de los protagonistas. Comprender lo que pasa en gran parte del continente africano puede ser más factible si se hace de esta trilogía, porque no hay tablas de datos, no hay cifras de producción, de víctimas, sino historias, la historia de Sofía, que vive con empeño, con ilusión: “Tengo a mi madre y a mis hermanos”, pensó. “También tengo a mis dos hijos que están sanos, que ahora duermen y no tienen hambre. Cada día cuando se quedan dormidos y sé que no tienen hambre, siento que la vida vale la pena vivirla. Si yo hubiera muerto, mis hijos nunca habrían existido”, y así, puede que el elemento emocional haga más comprensible la realidad en África.

Les dejo con el comienzo de la trilogía. Espero que les resulte interesante

Ésta es mi historia,

que quiero que permanezca viva

en vuestra memoria.

El corazón africano

Es como el sol,

grande, rojo,

una tela de seda de color sangre.

El amanecer africano baila.

Con el sol naciente

Se alzan los primeros sonidos,

primero susurrantes, rumorosos,

y luego, al final, más y más fuertes.

Pero todavía es de noche.

Y Sofía sueña…

OTRAS LECTURAS: EL CEREBRO DE KENNEDY. HENNING MANKELL

31 octubre, 2009

Cuando abres una novela de Henning Mankell esperas encontrarte con el inspector, casi tu inspector particular. Wallander con su forma peculiar para desarrollar su oficio de investigador en el cuerpo de policía en una pequeña ciudad en Suecia; sus intuiciones, sus hábitos poco saludables para alimentarse, a deshora y comer lo primero que encuentra, el exceso de café, entre otras cosas se convierten en hechos cotidianos y muy cercanos a ti como lector que has seguido sus trabajos policiales, pero también su vida y en el silencio de la lectura le reprendes, levemente, porque no llama con más frecuencia a su hija; que aplaza sin razón aparente hablar con su pareja que vive en el extranjero, aunque si comprendes el que no tenga una buena relación con su padre y que intente mantenerse lejos de él, ya que es odioso, sí odioso porque no sólo no ha entendido el trabajo de su hijo, sino que pretenden imponer sus criterios en una vida que no es la suya.

En fin Wallander es como algo personal, algo que el lector busca al abrir como dije al principio cualquier obra de Mankell, sin embargo en El cerebro de Kennedy, TusQuets, 2006 nos encontramos sin la cotidianeidad de Wallander y de la mano de una madre desesperada que ha perdido a su hijo de forma poco clara en medio del continente africano donde la pobreza, la corrupción y las enfermedades, el sida sobre todo, son el marco para una historia donde los intereses espurios de la industria farmacéutica envuelve toda la trama.

Louise Cantor tiene la perseverancia que solo tienen las madres que luchan por aquello en lo que creen y que en ocasiones sólo se fundamenta en una suposición, en algo poco o nada concreto, pero que definen como la intuición de la madre  les lleva a sacar  fuerzas de donde no las hay para confirmar aquello en lo creen. Louise viaja, un largo y tortuoso recorrido para llegar  a las afueras de una ciudad africana donde la miseria se hace visible, palpable para alguien que viene de un mundo de orden como es Suecia y de una actividad profesional, es arqueóloga, donde el objeto de estudio ha dejado unas huellas ya indelebles.

Les dejo con algún párrafo que espero encuentren interesante:

“Los nubarrones desaparecieron y el sol empezó a brillar. Louise lo miró estremecida.

-¿Tienes frío?

-No, estaba pensando en lo que me has contado.

-Los medicamentos pueden alcanzar tanto valor como los metales raros o las piedras preciosas de ahí que no haya límite para lo que la gente es capaz de hacer por codicia.

-Quisiera saber todo lo que has oído.

-No sé más de lo que ya te he contado. Aunque hay rumores. [ob. cit. pág. 236]

Ah, se me olvidaba, ya verán el por qué del título.

OTRAS LECTURAS: HENNING MANKELL

17 abril, 2009

mankell-la-quinta-mujerEstas pasadas vacaciones, los otros carnavales, permiten dedicar más tiempo a la lectura. Así que manos a la obra y dedicación plena a la lectura. Como hacía tiempo que no prestaba atención a Henning Mankell [1957] y a su personaje, el inspector Wallander me pareció oportuno volver a ambos. La quinta mujer, 1996 es una de sus novelas, buena prueba de su forma de escribir, de contar historias que te “obligan” a pasar la página y continuar leyendo para ver qué ocurre y cómo con sus intuiciones y con observaciones sutiles va desbrozando el camino que le pone en la estela del asesino.

Sí, pero no sólo es eso. En sus reflexiones, sus diálogos con su hija, por ejemplo se pueden encontrar cosas como las que les dejo a continuación. Espero que les resulte interesante su lectura.

“Ella se sirvió té de un termo y preguntó de repente por qué era tan difícil vivir en Suecia.

-A veces he pensado que es debido a que hemos dejado de zurcir los calcetines -dijo Wallander.

Ella le miro inquisitivamente.

-Lo digo en serio -siguió él-. Cuando yo era pequeño, Suecia era todavía un país en el uno zurcía sus calcetines. Yo aprendí incluso en la escuela cómo se hacía. Luego un día, de pronto se terminó. Los calcetines rotos se tiraban. Nadie remendaba ya sus viejos calcetines. Toda la sociedad se transformó. Gastar y tirar fue la única regla que abarcaba de verdad a todo el mundo. Seguro que había quienes se empecinaban en remendar sus calcetines, pero a ésos ni se les vía ni se les oía, mientras este cambio se limitó sólo a los calcetines, quizá no tuviera mucha importancia. Pero se fue extendiendo. Al final se convirtió en una especie de moral, invisible, pero bastante presente. Yo creo que eso cambió nuestro concepto de lo bueno y lo malo, de lo que se podía y de lo que no se podía hacer a otras personas. Todo se ha vuelto mucho más duro. Hay cada vez más personas, especialmente jóvenes como tú que se sienten innecesarias o incluso indeseadas en su propio país. Y ¿cómo reaccionan? Pues con agresividad y desprecio. Lo más terrible es que, además, creo que estamos sólo al principio de algo que va a empeorar todavía más. Está creciendo una generación ahora, los que son más jóvenes que tú, que van a reaccionar con más violencia que aún. Y ellos no tienen el menor recuerdo de que, en realidad, hubo un tiempo en el que uno se remendaba los calcetines. Un tiempo en el que no se usaban y tiraban ni los calcetines ni las personas”. [pág. 256]

Henning Mankell, La quinta mujer, 1996

EL FIN DE LA JORNADA

30 marzo, 2009

Llevo unos días de tensión y de horas de espera en una sala de hospital. Es la segunda vez que me explican que los “cinco minutos” es una expresión muy, pero que muy flexible, aún así me he entrenado para no desesperar y que las cosas tienen que pasar y la angustia no conduce a una aceleración del proceso, ni mucho menos, así que ya llegará la calma y podré descansar. Tengo que reconocer que el antídoto para las esperas ya es muy conocido: la lectura, sí la lectura es una buena fórmula para salir del mundo, que es una sala de espera, una habitación de hospital o días sin horarios, así que me puse en situación y en eso me ayudó Henning Mankell y su última novela “El Chino”, Círculo de Lectores, 2008. Mankell es un viejo conocido desde “Los perros de Riga”, aunque esta última novela es mucho más “internacional”. Ya les contaré, por ahora quedan algunas páginas, pero piensen en un asesinato en masa en un caserío en Suecia, una jueza, que llega al caso por una casualidad, la historia de unos hermanos que “emigran” , secuestrados en Cantón y llevado a Estados Unidos a trabajar en el ferrocarril durante la conquista del oeste a mediados del siglo XIX, y la China actual. Sí, parece extraño y difícil de unir, pero eso sólo lo puede hacer Mankell de forma magistral, muy recomendable. Ya les contaré algo más de la novela.

EL FIN DE LA JORNADA

Bajo una pálida luz

Corre, danza y se retuerce

La Vida, impura y gritona.

Tan pronto como a los cielos

La gozosa noche asciende

Y todo, hasta el hambre calma,

Ocultando la vergüenza,

Se dice el Poeta: “¡Al fin!”

Mis vértebras, como mi alma,

Codician dulce reposo;

De fúnebres sueños lleno

La espalda reclinaré

Y rodaré entre tus velos

“¡Oh refrescante tiniebla!”

Charles Baudelaire [1821-1867]