Posts Tagged ‘Poesía’

VOLVER, UNA VEZ MÁS

6 junio, 2012

 

[…]

Quiero quedarme en medio de los libros

en ellos he aprendido a dar mis pasos

a convivir con mañas y soplidos vitales

a comprender lo que crearon otros

y a ser por fin

este poco que soy

 

            Aprovecho la última estrofa del poema Libros de Mario Benedetti; Biografía para encontrarme, Alfaguara, 2011, porque me sirve para señalar dónde he estado desde la última entrada en este cuaderno, enero de este mismo año. Es verdad que no solo he estado entre libros y películas, son mis pasiones confesables. También mi tiempo se ha ido entre manos que acarician, ojos que miran con pasión y otras cosas más cotidianas y prosaicas, así que no sigo.

            Mi intención, una vez más, así que de antemano soy poco creíble por la inconstancia, es intentar tener regularidad en recoger aquí las reflexiones que aparecen después de las lecturas, de las películas vistas y no dejo atrás lo que la propia realidad del transcurrir de cada día se preste al comentario.

            Ya está bien de disculpas y volviendo a Mario Benedetti y su poemario, que como se afirma en el prólogo del mismo, el autor no le dio su “rigurosa mirada final”, aún así es un libro pleno, sugerente, con detalles muy íntimos y versos que puedes hacer tuyos con la seguridad de contar con el beneplácito de Mario (hay confianza. Bueno la que da ser un viejo lector de su obra).

            Aprovecho los versos del poema Paréntesis para invitarles/sugerirles la lectura de esta obra y al mismo tiempo pasarse por este cuaderno cuando les apetezca.

 

Paréntesis

Acompáñenme a entrar en el paréntesis

que alguien abrió cuando parió mi madre

y permanece aún en los otroras

y en los ahoras y en los puede ser

lo llaman vida si no tiene herrumbre

yo manejo el deseo con mis riendas

[…]

Busco mis cómplices en la frontera

que media entre tu piel y mi pellejo

me oriento hacia el amor sin heroísmo

sin esperanza pero con memoria

 

por ahora el paréntesis prosigue

abierto y taciturno como un túnel

 

Lo dicho, recomendable.

 

 

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A PROPÓSITO

30 mayo, 2011

A propósito de unos versos de Juan Gelman en lo último que de él se ha publicado, El Emperrado corazón amora, Tusquest, editores; mayo de 2011, en los que dice:
[…] Con los pedazos
de indignación y esperanza que
se les cayeron de golpe
se puede hacer una cuidad.

[La cosecha, pág. 257]

Me pregunto qué se podrá hacer con los cuajarones de inquina y resentimiento que se destilan de forma permanente. Una ciudad creo que no.

LECTURAS: PARA QUÉ SIRVEN LAS ESTATUAS. JOSÉ EMILIO PACHECO

15 junio, 2010

Hoy ha sido un día un poco pesado, pero interesante, así que cuando llegas a casa y logras quitarte los zapatos, señal de descanso, lo mejor es leer algo. Estiro la mano y en la mesilla de noche un libro de poemas: “Tarde o temprano” de José Emilio Pacheco. Les dejo con uno de los poemas que he vuelto a leer. Espero que les resulte interesante.

PARA QUÉ SIRVEN LAS ESTATUAS

Nadie ha de permitir que lo condenen a una segunda forma

de muerte

Si deja  que lo empareden a la intemperie

Y lo conviertan en estatua efímera.

¿Para qué sirven las estatuas?

Para dar

Compasión a los árboles,

Risa a los transeúntes,

Letrina a las palomas y otras aves;

Para que los airados

Pinten las maldiciones al poder;

Para que finalmente la derriben

Y las hagan pedazos

Las multitudes que en su furia son

El gran juicio final,

El veredicto de la Historia

LECTURAS: EXTRANJEROS. JOSÉ EMILIO PACHECO

18 mayo, 2010

Si te molestan por su acento o atuendo,
por sus términos raros para nombrar
lo que tú llamas con distintas palabras,
emprende un viaje,
no a otro país (ni siquiera hace falta):
a la ciudad más próxima.

Verás como tú también eres extranjero.
José Emilio Pacheco. Premio Cervantes, 2009

POESÍA: ALTA TRAICIÓN. JOSÉ EMILIO PACHECO

10 abril, 2010

No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.

INSOMNIO, DOLOR Y OCTAVIO PAZ

9 febrero, 2010

Definitivamente he claudicado y me he aliado con el insomnio. He comprendido que no lo podía vencer, derrotarlo definitivamente es imposible, pero fue algo que tardé en comprender. Ya lo he hecho, así que me he aliado con él, aunque hay ocasiones en las que lo combato, cuando no me ofrece tregua alguna, con la ayuda de la química, mientras, sin enfadarme, sin sufrir ansiedad comparto mi cama con el insomnio y alguna lectura. No sé por qué pero me acuerdo de Octavio Paz cuando escribo del insomnio, lo asocio de manera poco clara.

Últimamente y por razones coyunturales el insomnio se ha buscado, mejor ha encontrado un aliado, no uno cualquiera, uno muy específico, muy exclusivo: el dolor. Es verdad que en muchas ocasiones conviven, pero para ser más exacto me refiero no al dolor difuso, al malestar después de una copiosa cena, el dolor de espalda por la tensión. No, me refiero al dolor concreto, específico, localizado y con un origen identificado, que tiene un arranque definido, un momento en el comienza a instalarse en tu cuerpo y a convivir contigo. Pues ese dolor, identificado, en mi caso, ha hecho buenas migas con el insomnio y ambos se instalan cómodamente en mi cama, que convierten en particular campo de batalla. La alianza multiplica sus fuerzas, no por dos, hay momentos que crees que lo hacen hasta casi hasta el infinito. No queda más remedio que auxiliarte de la química y combatirlos. No hay tregua. Claro tienes que cuidar tu estómago, no sea que sufra las consecuencias de la batalla con armas “legales”, Higía le alía conmigo para librar esta batalla.

En fin como me relaciono insomnio con Octavio Paz, sólo en la parte que me ayuda a superar sus ataques, les dejo con un fragmento de su obra que, como no, habla del insomnio, el dormir y el velar. Que disfruten con Octavio Paz y recuerden el insomnio se vuelve invencible.

REPASO NOCTURNO [fragmento]

(A esta hora hay mediadores en todas partes

Hay puentes invisibles entre el dormir y el velar.

Los dormidos muerden el racimo de su propia fatiga,

el racimo solar de la resurrección cotidiana;

los desvelados tallan el diamante que ha de vencer la noche;

aún los que están solos llevan en sí su pareja encarnizada,

en cada espejo yace un doble,

un adversario que nos refleja y nos abisma;

el fuego precioso oculto bajo la capa de seda negra,

el vampiro ladrón dobla la esquina y desaparece, ligero,

robado por su propia ligereza;

con el peso de su acto a cuestas

se precipita en su dormir sin sueño el asesino,

ya para siempre a solas, sin el otro;

abandonados a la corriente todopoderosa,

flor doble que brota de un tallo único,

los enamorados cierran los ojos en lo alto del beso:

la noche se abre para ellos y les devuelve lo perdido,

el vino negro en la copa hecha de una sola gota de sol,

la visión doble, la mariposa fija por un instante en el centro del cielo,

en el ala derecha un grano de luz y en la izquierda uno de sombra.

Reposa la ciudad en los hombros del obrero dormido,

La semilla del canto se abre en la frente del poeta) [págs. 313-314]

Libertad bajo palabra, Cátedra, 1988

EL FIN DE LA JORNADA

30 marzo, 2009

Llevo unos días de tensión y de horas de espera en una sala de hospital. Es la segunda vez que me explican que los “cinco minutos” es una expresión muy, pero que muy flexible, aún así me he entrenado para no desesperar y que las cosas tienen que pasar y la angustia no conduce a una aceleración del proceso, ni mucho menos, así que ya llegará la calma y podré descansar. Tengo que reconocer que el antídoto para las esperas ya es muy conocido: la lectura, sí la lectura es una buena fórmula para salir del mundo, que es una sala de espera, una habitación de hospital o días sin horarios, así que me puse en situación y en eso me ayudó Henning Mankell y su última novela “El Chino”, Círculo de Lectores, 2008. Mankell es un viejo conocido desde “Los perros de Riga”, aunque esta última novela es mucho más “internacional”. Ya les contaré, por ahora quedan algunas páginas, pero piensen en un asesinato en masa en un caserío en Suecia, una jueza, que llega al caso por una casualidad, la historia de unos hermanos que “emigran” , secuestrados en Cantón y llevado a Estados Unidos a trabajar en el ferrocarril durante la conquista del oeste a mediados del siglo XIX, y la China actual. Sí, parece extraño y difícil de unir, pero eso sólo lo puede hacer Mankell de forma magistral, muy recomendable. Ya les contaré algo más de la novela.

EL FIN DE LA JORNADA

Bajo una pálida luz

Corre, danza y se retuerce

La Vida, impura y gritona.

Tan pronto como a los cielos

La gozosa noche asciende

Y todo, hasta el hambre calma,

Ocultando la vergüenza,

Se dice el Poeta: “¡Al fin!”

Mis vértebras, como mi alma,

Codician dulce reposo;

De fúnebres sueños lleno

La espalda reclinaré

Y rodaré entre tus velos

“¡Oh refrescante tiniebla!”

Charles Baudelaire [1821-1867]

INSOMNIO Y OCTAVIO PAZ

17 febrero, 2009

octavio-pazInsomnio, maldito insomnio que me acompañas sin que te llame y te metes conmigo en la cama. Maldito insomnio que me haces dar vueltas y más vueltas; que se me acaban las ovejitas para contar porque no me dejas en paz; que no respetas que al día siguiente tengo que ir a trabajar, que te burlas de mi cansancio, de mis ojeras, de mi dolor de cabeza. Insomnio, ojalá pudiera maldecirte y condenarte a descansar. Sería un poquito más feliz.

Octavio Paz también se acuerda del insomnio, y le dedica estos versos:

APUNTES DEL INSOMNIO

1

Roe el reloj

mi corazón,

buitre no, sino ratón.


2

En la cima del instante

Me dije: “Ya soy eterno

en la plenitud del tiempo.”

Y el instante se caía

en otro tiempo, abismo sin tiempo.


3

Me encontré frente a un muro

y en el muro un letrero.

“Aquí empieza tu futuro.”

(1944)

INSOMNIO

Quedo distante de los sueños.

Abandona mi frente su marea,

avanzo entre piedras calcinadas

y vuelvo a dar al cuarto que me encierra:

aguardan los zapatos, los lazos de familia,

los dientes de sonreír

y la impuesta esperanza:

mañana cantarán las sirenas.

(Y en mi sangre

Otro canto se eleva: yo no digo

Mi canción sino a quien conmigo va…).

Sórdido fabricante de fantasmas,

de pequeños dioses oscuros,

polvo, mentira en la mañana.

Desterrado de la cólera y de la alegría,

sentado en una silla, en una roca,

frente al ciego oleaje: tedio, nada.

Atado a mi vivir

y desasido de la vida

(1933)

Octavio Paz, Libertad bajo palabra. CÁTEDRA, Letras Hispánicas, 1988

GASTÓN BAQUERO, POEMA

18 junio, 2008

TESTAMENTO DEL PEZ

Yo te amo, ciudad,

aunque sólo escucho de ti el lejano rumor,

aunque soy en tu olvido una isla invisible,

porque resuenas y tiemblas y me olvidas,

yo te amo, ciudad.

Yo te amo, ciudad,

cuando la lluvia nace súbita en tu cabeza

amenazando disolverte el rostro numeroso,

cuando hasta el silente cristal en que resido

las estrellas arrojan su esperanza,

cuando sé que padeces,

cuando tu risa espectral se deshace en mis oídos,

cuando mi piel te arde en la memoria,

cuando recuerdas, niegas, resucitas, pereces,

yo te amo, ciudad.

Yo te amo, ciudad,

cuando desciendes lívida y extática

en el sepulcro breve de la noche,

cuando alzas los parpados fugaces

ante el fervor castísimo,

cuando dejas que el sol se precipite

como un río de abejas silenciosas,

como un rostro inocente de manzana,

como un niño que dice acepto y pone su mejilla.

Yo te amo, ciudad,

porque te veo lejos de la muerte,

porque la muerte pasa y tú la miras

con tus ojos de pez, con tu radiante

rostro de un pez que se presiente libre;

porque la muerte llega y tú la sientes

cómo mueve sus manos invisibles,

cómo arrebata y pide, cómo muerde

y tú la miras, la oyes sin moverte, la desdeñas,

vistes la muerte de ropajes pétreos,

la vistes de ciudad, la desfiguras

dándole el rostro múltiple que tienes,

vistiéndola de iglesia, de plaza o cementerio,

haciéndola quedarse inmóvil bajo el río,

haciéndola sentirse un puente milenario,

volviéndola de piedra, volviéndola de noche

volviéndola ciudad enamorada, y la desdeñas,

la vences, la reclinas,

como si fuese un perro disecado,

o el bastón de un difunto,

o las palabras muertas de un difunto.

Yo te amo, ciudad

porque la muerte nunca te abandona,

porque te sigue el perro de la muerte

y te dejas lamer desde los pies al rostro,

porque la muerte es quien te hace el sueño,

te inventa lo nocturno en sus entrañas,

hace callar los ruidos fingiendo que dormitas,

y tú la ves crecer en tus entrañas,

pasearse en tus jardines con sus ojos color de amapola,

con su boca amorosa, su luz de estrella en los labios,

la escuchas cómo roe y cómo lame,

cómo de pronto te arrebata un hijo,

te arrebata una flor, te destruye un jardín,

y te golpea los ojos y la miras

sacando tu sonrisa indiferente,

dejándola que sueñe con su imperio,

soñándose tu nombre y tu destino.

Pero eres tú, ciudad, color del mundo,

tú eres quien haces que la muerte exista;

la muerte está en tus manos prisionera,

es tus casas de piedra, es tus calles, tu cielo.

Yo soy un pez, un eco de la muerte,

en mi cuerpo la muerte se aproxima

hacia los seres tiernos resonando,

y ahora la siento en mí incorporada,

ante tus ojos, ante tu olvido, ciudad, estoy muriendo,

me estoy volviendo un pez de forma indestructible,

me estoy quedando a solas con mi alma,

siento cómo la muerte me mira fijamente,

cómo ha iniciado un viaje extraño por mi alma,

cómo habita mi estancia más callada,

mientras descansas, ciudad, mientras olvidas.

Yo no quiero morir, ciudad, yo soy tu sombra,

yo soy quien vela el trazo de tu sueño,

quien conduce la luz hasta tus puertas,

quien vela tu dormir, quien te despierta;

yo soy un pez, he sido niño y nube,

por tus calles, ciudad, yo fui geranio,

bajo algún cielo fui la dulce lluvia,

luego la nieve pura, limpia lana, sonrisa de mujer,

sombrero, fruta, estrépito, silencio,

la aurora, lo nocturno, lo imposible,

el fruto que madura, el brillo de una espada,

yo soy un pez, ángel he sido,

cielo, paraíso, escala, estruendo,

el salterio, la flauta, la guitarra,

la carne, el esqueleto, la esperanza,

el tambor y la tumba.

Yo te amo, ciudad,

cuando persistes,

cuando la muerte tiene que sentarse

como un gigante ebrio a contemplarte,

porque alzas sin paz en cada instante

todo lo que destruye con sus ojos,

porque si un niño muere lo eternizas,

si un ruiseñor perece tú resuenas,

y siempre estás, ciudad, ensimismada,

creándote la eterna semejanza,

desdeñando la muerte,

cortándole el aliento con tu risa,

poniéndola de espalda contra un muro,

inventándote el mar, los cielos, los sonidos,

oponiendo a la muerte tu estructura

de impalpable tejido y de esperanza.

Quisiera ser mañana entre tus calles

una sombra cualquiera, un objeto, una estrella,

navegarte la dura superficie dejando el mar,

dejarlo con su espejo de formas moribundas,

donde nada recuerda tu existencia,

y perderme hacia ti, ciudad amada,

quedándome en tus manos recogido,

eterno pez, ojos eternos,

sintiéndote pasar por mi mirada

y perderme algún día dándome en nube y llanto,

contemplando, ciudad, desde tu cielo único y humilde

tu sombra gigantesca laborando,

en sueño y en vigilia,

en otoño, en invierno,

en medio de la verde primavera,

en la extensión radiante del verano,

en la patria sonora de los frutos,

en las luces del sol, en las sombras viajeras por los muros,

laborando febril contra la muerte,

venciéndola, ciudad, renaciendo, ciudad, en cada instante,

en tus peces de oro, tus hijos, tus estrellas.